Una cosa es entender que el miedo al dentista es más común de lo que se cree y que quizás no es tan terrible como uno se imagina y otra muy diferente tomar la decisión de ir a consulta. Y como no es lo mismo predicar que dar trigo, aquí van unos granos:

Háblalo

Es del todo normal pasar una época de ansiedad elevada, e incluso pánico, mientras tomas la decisión de ir al dentista. Una de las cosas más convenientes durante ese periodo es hablar con alguien sobre los miedos, incluso aunque hayamos sufrido previamente comentarios jocosos o poco empáticos. A veces algunos amigos o parientes pueden ser bastante más comprensivos de lo que creemos. Sea como sea, y teniendo en cuenta que alguien que no ha sufrido jamás miedo al dentista quizás no entienda lo mal que se puede pasar, o por qué se pasa tan mal, elige alguien en quien confíes y que creas que puede entenderte.

Si has tenido malas experiencias anteriores con dentistas, hablarlo con otra persona es posible que te ayude a ponerlo en perspectiva. Quienes sufren miedo o fobia dental no siempre son conscientes de que lo que han vivido no es «lo normal», y que la visita al dentista no tiene por qué ser una experiencia terrorífica.

Recopila información

El conocimiento puede ser muy poderoso, e Internet es una fuente inagotable de datos, algunos de los cuales pueden ser de mucha utilidad, como trucos para distraerse, pero también hay mucha información que puede no ayudar en absoluto: desde datos y testimonios directamente falsos a información excesivamente detallada que puede no favorecer precisamente el control del miedo. Si decides recabar información asegúrate de que sea fiable y contrastada.

En foros o hilos de discusión puedes encontrar información de personas que están en tu misma situación, pero también testimonios que describen situaciones desagradables que pueden empeorar tus miedos.

En cualquier caso y como norma general, si tu miedo o ansiedad se dispara al leer determinada información es mucho mejor dejar de leer. Procura manejar información que te haga sentir bien.

Tómatelo con calma

A menos que el dolor sea insoportable, no te va a venir de un par de semanas más. Es mucho mejor tomarse tiempo para decidir dónde y cómo ir que elegir una clínica o un dentista deprisa y corriendo.

Si tienes dolor es muy probable que tengas una infección. Si es el caso, lo dicho en el párrafo anterior no sirve y si se trata de una infección hay que tratarla ya que, además de muy dolorosas, pueden ser peligrosas. No necesitas visitar al dentista para ello, basta con acudir a tu médico de cabecera o, si es el caso, a urgencias hospitalarias. Si se trata de infección te recetarán antibióticos, que ayudarán a reducir la inflamación y el dolor. En cualquier caso, tarde o temprano deberás acudir a un dentista para que trate el origen de la infección.

Elegir el dentista

Es importante que encuentres un/a dentista en quien puedas confiar y que te ayude a controlar tus miedos en vez de empeorarlos. Si, por los motivos que sea, las opciones son limitadas siempre puedes seguir los consejos para controlar el miedo que te damos aquí

Un paso tras otro

Ceñirse a la realidad es mucho más efectivo que dejar que nuestra mente vaya por libre e imagine escenarios poco o nada agradables. Además, es muy fácil sentirse sobrepasado por la situación si se pretende resolverla en su totalidad y de golpe. Mucho mejor plantearse pequeños objetivos y centrarse en cumplir uno tras otro sin querer ir más allá. Por resumir, serían los siguientes:

  • Conocer el tipo de miedo o miedos que sufrimos
  • Buscar un dentista en quien confiemos
  • Concertar una cita (sí, parece fácil pero no siempre lo es, y no vale que otra persona la concierte por nosotros)
  • Acudir a la cita
  • Hablar con el dentista sobre los miedos
  • Decidir si tenemos «química» con ese dentista