Por el Dr. Paco Miravé
Cada vez más personas practican deporte. Y con ello, cada vez vemos más lesiones. La sobrecarga muscular es la más frecuente, pero rara vez nos preguntamos si el origen está solo en el músculo.
Cuando hablamos de rendimiento deportivo solemos pensar en preparación física, técnica, descanso o material. Sin embargo, hay otros factores igual de determinantes: la alimentación (qué comemos y cuándo), la hidratación, la respiración nasal… y la salud oral.
La boca forma parte del sistema. Y el sistema siempre trabaja en conjunto.
¿Cómo afectan las patologías orales al rendimiento?
Las enfermedades orales no se quedan en la boca. En deportistas pueden provocar:
- Pérdida de rendimiento
- Mayor predisposición a lesiones
- Dificultad para recuperarse
- Disminución de la capacidad aeróbica
- Fatiga precoz
- Peor aprovechamiento de los nutrientes
- Impacto en la autoestima
No es casualidad. Durante el ejercicio disminuye la producción de saliva, aumenta la deshidratación y muchas veces aparece respiración oral. Además, suele incrementarse la ingesta de carbohidratos y el sistema inmunológico puede verse comprometido por la carga de entrenamiento y el estrés competitivo.
El resultado es un mayor riesgo de caries, gingivitis y enfermedad periodontal.
Periodontitis y caries: inflamación que resta energía
La periodontitis genera inflamación sistémica de bajo grado. Esto implica:
- Disminución de la resistencia
- Fatiga
- Inmunosupresión
- Infecciones y dolor
La caries no es solo “un agujero en el diente”, sino un desequilibrio de la microbiota oral que activa procesos inflamatorios, producción de citoquinas y estrés celular. En el deportista, esto puede traducirse en mayor riesgo de lesión y peor recuperación.
Cada foco inflamatorio es una fuga de energía.
La prevención es clara: higiene rigurosa, nutrición adecuada, correcta hidratación, control de los tiempos de ingesta y revisiones periódicas.
Maloclusión y rendimiento: equilibrio, fuerza y postura
La oclusión dental influye en el equilibrio estático y dinámico. Cuando existe maloclusión, especialmente en situaciones de fatiga, pueden aparecer:
- Alteraciones de la lateralidad
- Disminución de la fuerza
- Peor equilibrio dinámico
- Asimetrías musculares
Existe una relación aferente-eferente entre la cavidad oral, los nervios craneales (como el trigémino) y el tono muscular. La boca dialoga constantemente con el sistema nervioso.
Corregir una maloclusión puede mejorar niveles de fuerza y prevenir compensaciones. Pero en un deportista no todo tratamiento debe hacerse en cualquier momento.
Iniciar una ortodoncia en mitad de temporada, por ejemplo, genera una inflamación aguda que el cuerpo debe resolver. Es una demanda biológica añadida. Antes de indicar un tratamiento, debemos valorar el coste-beneficio a nivel postural y neurofisiológico.
En algunos casos trabajamos con férulas de reposicionamiento mandibular, ortodoncia planificada estratégicamente y abordaje postural coordinativo individualizado.
Cada deportista debe estudiarse de forma personalizada. Aunque practiquen el mismo deporte, no realizan los mismos patrones de movimiento ni tienen la misma adaptación neuromuscular.
La importancia de una exploración global
Numerosos estudios relacionan los problemas de la cavidad oral con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, digestivas, respiratorias y neurológicas.
La boca está íntimamente conectada con la biomecánica corporal, la ATM y el sistema nervioso central.
Mejorar la salud oral puede mejorar el rendimiento.
No se trata solo de dientes. Se trata de equilibrio.
Consejos prácticos para el deportista
- Priorizar comida real y texturas consistentes: masticar es un estímulo neurosensorial fundamental. La masticación bilateral ayuda a equilibrar el sistema.
- Mantener una higiene oral rigurosa.
- Hidratación adecuada durante y después del ejercicio.
- Respirar por la nariz siempre que sea posible. La respiración nasal filtra, calienta el aire, favorece la vasodilatación y optimiza la oxigenación celular.
- Evitar la respiración oral crónica, que provoca sequedad gingival, mayor riesgo de gingivitis y favorece estados de estrés sostenido.
- Trabajar la correcta posición lingual y el sellado labial.
En determinados casos podemos acompañar con rehabilitación de funciones orales mediante dispositivos específicos (férulas, dilatadores nasales, bioactivadores) y ejercicios personalizados que pueden utilizarse durante el entrenamiento o en domicilio.
Porque el rendimiento no depende solo de cuánto entrenas.
Depende de cómo funciona tu sistema.
Y la boca forma parte de ese sistema.
Dr. Paco Miravé
Odontología integrativa y deportiva
Miravéco
