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¿Qué es la endodoncia?

Si te han dicho que te tienes que hacer una endodoncia tienes que saber que no eres un caso aislado. Millones de dientes son tratados y salvados todos los años con un tratamiento de endodoncia.
La endodoncia es un procedimiento que trata el interior del diente y permite mantener su dentición natural, el hueso y la encía que le rodea, así como su funcionalidad, ayudando a conservar una sonrisa natural, comer con comodidad y que, con un adecuado cuidado, puede durar como el resto de su dentición.
Cuando la pulpa dentaria está afectada de forma irreversible por caries profundas, traumatismos o lesiones, el diente puede volverse sensible al frío, al calor o a la masticación. El dolor puede ser intermitente o constante. Incluso el diente puede cambiar de color o puede aparecer un flemón o una fístula (en este artículo puedes ver cómo está formado un diente).
También podría estar aconsejada la endodoncia en dientes que requieran grandes tallados para la posterior colocación de coronas o puentes.

¿De qué está formado un diente?

Un diente está compuesto por tres secciones principales: corona, cuello y raiz, en las que podemos diferenciar cuatro partes: esmalte, dentina, pulpa y periodonto. Cada una de dichas partes tiene una función específica y una estructura adecuada a dicha función.

partes-diente

El esmalte es la parte externa del diente, el recubrimiento, la parte visible de los dientes. Está formada en su mayoría por un mineral llamado hidroxiapatita cálcica, uno de los elementos más duros de la naturaleza. Su función principal es proteger la estructura dentaria y permitirnos triturar los alimentos. Es una capa que no tiene vascularización (ni aporte sanguíneo ni terminaciones nerviosas), por tanto no es extraño que las patologías asociadas al esmalte no produzcan sensibilidad o dolor.

Directamente por debajo de esta primera capa externa encontramos la dentina: el “cuerpo” del diente. Esta es la estructura base del diente en la que ya encontramos terminaciones nerviosas y aporte sanguíneo. La dentina está formada por microtúbulos llamados túbulos dentinarios, que conectan la parte exterior del diente con las terminaciones nerviosas. Dentro de estos túbulos se produce un intercambio de fluidos que, al realizarse de forma brusca, genera lo que conocemos como sensibilidad dental. Es por eso que podemos notar molestias cuando un diente se fractura, se desgasta el esmalte o perdemos altura de encía y la dentina queda al descubierto.

Tras esta segunda capa, llegamos al corazón del diente: la pulpa. La pulpa es el tejido suave donde se halla el nervio principal que inerva el diente para otorgarle sensibilidad, percepción y vitalidad. Esta parte es la que eliminamos en un tratamiento de endodoncia en el cual el nervio esta afectado y/o dañado, desvitalizando así el diente y consiguiendo mantenerlo en boca de forma sana y predecible.

Por último hablemos del periodonto. Corresponde al conjunto de tejidos que rodean al diente: encía, mucosa, hueso, ligamento periodontal (o membrana periodontal) y cemento radicular. Es el sustento o pilar de nuestro diente. Sin el periodonto, el diente no tiene soporte alguno, gana movilidad y puede llegar a soltarse de la arcada. Aquí reside la importancia de un correcto cuidado de las encías y tejidos de alrededor del diente: para otorgarle estabilidad y soporte. El cemento radicular es la capa intermedia entre la raíz y el hueso. El ligamento periodontal es un conjunto de fibras que anclan el diente al alvéolo (la cavidad en la que se encuentra), otorgándole cierta flexibilidad y resistencia a impactos (como por ejemplo la masticación).